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La fundación de El Convento de los Ángeles, según Gonzaga, se acabó de edificar y comenzó a habitar en 1575 año en que se colocó en la Iglesia el Santísimo Sacramento, asistiendo todo el Cabildo de la Villa, a media legua de distancia y dijo la primera misa el Dr. Villordón, Cura de Santa María. Se construyó con limosnas de los pueblos de los alrededores, especialmente de Castromocho que también cedió el suelo, que eran tierras de trigo, viñas y guindaleras. En el se empleo mucha piedra
Sillar del puente Carre-Pozuelos allí cercano y de las ruinas de
la ermita de San Pedro el Derrocado, allí cercanas. Se dice que la villa dio a los Padres Franciscanos licencia para escoger el sitio que más les gustase y pensaron primero situarse en Tordemalladas (suponemos que sería el término que actualmente llamamos Torremazo), pero desecharon el pensamiento, por parecerles que ese sitio estaba demasiado cerca del pueblo y ruido del mundo. Por la misma razón desistieron de edificarle junto a la fuente de Carre-Capillas. También pensaron en el término inmediato a la fuente de Ontanillas, y les pareció que estaba demasiado cerca del camino de Palencia, muy pasajero y poco propio para el retiro y soledad de la vida monástica; y por último en el citado término de San Miguel, que si era sano y despejado tenía el gran inconveniente de carecer de aguas potables y de todas clases, así es que para cebar la noria de la huerta tuvieron que construir una valla en el río, y por un conducto la llevaban allí hasta que se llenaba. Construyeron también
dos magníficos aljibes de piedra de sillería en forma de
cuba, los cuales se conservaron hasta la exclaustración (y aun
hay señales de ellos) para llenarlos de agua de lluvia. Al tiempo
de su fundación había tres olmos en el terreno, de los cuales
se conservaba uno solo en el siglo pasado (cuando escribía esto
nuestro historiador) con el nido de la cigüeña. Aún los que más
viejos del pueblo, han conocido un gran pino junto a los aljibes. Tenían
jardín, huerta, palomar y otras comodidades y cementerio con cipreses.
Su construcción era de tapial de tierra casi todo el edificio,
menos los cimientos que había bastante piedra y ladrillo. La Iglesia era buena, con la
más bella imagen, de la cual no habla nada el autor, de la Reina
de los Ángeles, que habrá salido de manos de un artista
y que hoy se venera en la Iglesia de Santa María. Es lástima
que no se sepa el autor de tan magnifica escultura ni cuándo la
colocaron en el convento los Padres Franciscanos; pues es difícil
combinar con tanto acierto la belleza física de una reina, con
la expresión celestial que al mismo tiempo supo comunicarle el
artífice . Tenía el convento la
historia de San Francisco pintada en cuadros, adornando el claustro bajo,
cuyo paradero ignoramos los que conocimos la exclaustración. El órgano se trajo a
la Iglesia de San Esteban, algunas ropas y objetos; se vendió el
edificio como bienes nacionales y desapareció hasta los cimientos
de 1842 a 1850, pero siempre se podrá precisar el sitio donde estuvo,
no por las señales que han quedado sino por su fácil deslinde.
Ocupó la tierra que limita al norte con la traviesa de Capillas
a Baquerín, al Oriente con el camino que va a Pedraza, al sur con
tierras de los vecinos y al Poniente el camino que de aquí sale
a buscar el de Castromocho a Torre Mormojón. Ordinariamente, dice el autor, tenía de 16 a 20 frailes que se sostenían de limosnas que anualmente recogían de los pueblos inmediatos, señaladamente en Baquerín y Castromocho.Después las misas y sermones que les encargaban completaban los ingresos de la Comunidad. Ha florecido en religión y retiro en este Convento que duró cerca de tres siglos y en él profesaron muchos hijos del pueblo. Para terminar todo lo relativo a este Monasterio, diremos lo que nos referían nuestros padres, que conocieron la Comunidad en todo su apogeo, y es que la festividad de nuestra Señora que allí se celebraba, atraía tanta gente de los pueblos comarcanos, que era una verdadera romería donde se vendía de todo, y que solamente de las sandías y melones que se consumían en aquellas tierras, nacían entre los trigos al año siguiente estas plantas y se cogían sus frutos con alguna frecuencia, criados espontáneamente.
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