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La fundación del Convento parece que corresponde al último tercio del S. XVI en que los franciscanos observantes transforman en convento la ermita campestre de San Miguel y en un santuario dedicado a Nuestra Sra. de los Ángeles. Según los papeles del AHN el convento de franciscanos estaba situado en una llanada. La fundación se hace a la Virgen Santísima con el nombre de Santa María de Los Ángeles de la Porciúncula por los franciscanos Recoletos en 1575, con limosnas de las villas circunvecinas y especialmente de Castromocho que también cedió el suelo, tierras de trigo, viñas y guindaleras, sin ningún patronato, siendo superintendente principal el Padre Fray Andrés de Mercado quien después fuera elegido Provincial. Según Gonzaga, se acabó de edificar y comenzó a habitar en 1575 año en que se colocó en la Iglesia el Santísimo Sacramento, asistiendo todo el Cabildo de la Villa, a media legua de distancia y dijo la primera misa el Dr. Villordón, Cura de Santa María. En la 1ª parte de la Crónica de la Provincia de la Purísima Concepción, libro 1º, capítulo 39 se habla de la fundición del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Porciúncula, 7ª casa de la Santa Recolección. Gonzaga 3ª Parte Provincia Conceptionis. Convento 22. Para su construcción
se empleó mucha piedra sillar del puente Carre-Pozuelos allí
cercano y de las ruinas de la ermita de San Pedro el Derrocado también
cercana. Se dice que la villa dio a los Padres Franciscanos licencia para escoger el sitio que más les gustase y pensaron primero situarse en Tordemalladas (suponemos que sería el término que actualmente llamamos Torremazo), pero desecharon el pensamiento, por parecerles que ese sitio estaba demasiado cerca del pueblo y ruido del mundo. Por la misma razón desistieron de edificarle junto a la fuente de Carre-Capillas. También pensaron en el término inmediato a la fuente de Ontanillas, y les pareció que estaba demasiado cerca del camino de Palencia, muy pasajero y poco propio para el retiro y soledad de la vida monástica; y por último en el citado término de San Miguel, que si era sano y despejado tenía el gran inconveniente de carecer de aguas potables y de todas clases, así es que para cebar la noria de la huerta tuvieron que construir una valla en el río, y por un conducto la llevaban allí hasta que se llenaba. Construyeron también
dos magníficos aljibes de piedra de sillería en forma de
cuba, los cuales se conservaron hasta la exclaustración (y aun
hay señales de ellos) para llenarlos de agua de lluvia. Al tiempo
de su fundación había tres olmos en el terreno, de los cuales
se conservaba uno solo en el siglo pasado (cuando escribía esto
nuestro historiador) con el nido de la cigüeña. Aún los más viejos
del pueblo, han conocido un gran pino junto a los aljibes. Tenían
jardín, huerta, palomar y otras comodidades y cementerio con cipreses.
Su construcción era de tapial de tierra casi todo el edificio,
menos en los cimientos que había bastante piedra y ladrillo. El convento pertenecía a la Provincia de la Purísima Concepción. En él habitaban unos 25 frailes que se sostenían de limosnas que anualmente recogían de los pueblos inmediatos, señaladamente en Baquerín y Castromocho. Después las misas y sermones que les encargaban completaban los ingresos de la Comunidad. Los libros de cuentas eran revisados periódicamente por un visitador que era el Ministro Provincial que debía dar el visto bueno de que no había errores. Tenía huerta y árboles abundantes tanto frutales como de sombra. La villa de Castromocho les visitaba todos los años en Procesión con sus dos comunidades, eclesiástica y secular, el día de la aparición del glorioso arcángel San Miguel, por haber sido anteriormente ermita de San Miguel, en cuya memoria había su efigie en lo alto del Altar Mayor. La Iglesia era buena, con la más bella imagen de la Reina de los Ángeles, que había salido de las manos de la artista sevillana La Roldana que con gran acierto supo plasmar la belleza física de una reina con la expresión celestial de una Virgen. Esta imagen se venera hoy en la Iglesia de Santa María y es la patrona de Castromocho. Adornaba su Altar Mayor un curioso retablo del Milagro de la Santa Indulgencia de la Porciúncula y reliquias del Lignum Crucis y de la Compañía de las Once mil Vírgenes, con otras menores. Estaban sepultados en su Capilla Mayor varones grandes en virtud y los venerables padres Fray Andrés de la Iglesia (confesor de las infantas de España, hijas de Felipe III), Fray Miguel Pastor de los Ángeles, Fray Tomás Cantarín y María Martín de la Orden tercera. En ese convento tomó el hábito el padre Fr. José López de Cisneros, que posteriormente sería elegido Comisario General de la Provincia. Fr. José López de Cisneros, hijo de Bernardino López de Cisneros y María García de Argüello, fue procurador de la Curia Romana, definidor general de la orden franciscana en la provincia de la Concepción, calificador de la Suprema Inquisición. Participó activamente en el Capítulo General en Roma y predicó ante el Papa. Fue también Comisario General del Perú y por último Vicario General de la familia ultramontana. Murió en Valladolid y fue sepultado en el Convento de San Francisco. El rey gustaba de su consejo y él acudía a la Corte que estaba en Valladolid. Pide que se confirme su filiación en 1637. Tenía el convento la historia de San Francisco pintada en cuadros, adornando el claustro bajo, cuyo paradero ignoramos los que conocimos la exclaustración. Según la tradición el convento de los padres descalzos de Ampudia fue fundado después y por ello este les cede el pedir allí siempre que éstos no pidiesen en La Torre de Mormojón, Baquerín ni Castromocho. Hay una carta solicitando que tampoco prediquen los religiosos de Ampudia en Boada y Capillas pero Fray Juan de la Trinidad contesta que no hay papeles que lo impidan. También en el AHN hay unos papeles que hablan de que el Convento da una escritura de donación de Capilla y Patronazgo de aquella casa a Don Juan Pimentel, Conde de Benavente y sus sucesores. El hermano Manuel del Bal del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles dice que el 19 de octubre de 1595 ante Antonio Ruíz, escribano, se otorga esta escritura. Fray Bartolomé de la Peña se reúne con los demás religiosos en tres ocasiones para que todos queden conformes con la entrega de la Capilla Mayor y casa a Juan Pimentel, no enterrando a nadie en esta capilla sin su licencia si no fuesen los religiosos del dicho Convento a la forma que en el convento de Valdescopezo, en cuya capilla se entierran como fundadores y patrones de él los Almirantes y también los religiosos, o como en Domus Dei de la Aguilera, donde se entierran los Condes de Miranda y los religiosos, o como en el Convento de San Francisco de Valladolid se entierran los Condes de Castro y los religiosos. Firmado y sellado en Valladolid el 2 de octubre de 1595 por Fray Bartolomé de la Peña, Ministro General, y Fray Luís Velásquez, definidor, Fray Francisco Ramirez, Fray Antonio de Carbonera, Fray Alonso Flórez, Fray Martín de Cepeda, custodio. Y confirmado el 17 de octubre por Fray Matheo de Burgos, Comisario General. Es curioso que desde el Convento de Valdescopezo llega el retablo del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de la Mudarra como nos dice Ederne Frontela en su libro Del Azahar a las Amapolas pero en la década de los 70 fueron vendidos para acabar con la plaga de ratas que asediaba el templo suprimiendo los retablos y adornos de las paredes por lo que ahora no están allí. El Convento desapareció con la Desamortización de Mendizábal. En el ADP. Desamortización, leg. 28 se conservan inventarios de los años 1821 y 1822 de objetos litúrgicos del convento de Castromocho. El órgano se llevó a la Iglesia de San Esteban junto con algunas ropas y objetos. El edificio se vendió como bien nacional a un particular en 1841 por 107.400 reales. AHPP, lib. 15982 (232) fol 86 dice: El 22-9-1841 se remató a favor de D. Martín Delgado, vecino de Palencia, un edificio convento titulado de los Ángeles de Castromocho por la cantidad de 107.400 reales" Qué uso le dio D. Martín Delgado a este inmueble lo desconocemos pero lo que si es cierto es que entre 1842 y 1850 desaparecieron hasta sus cimientos. No obstante siempre se podrá precisar el sitio donde estuvo, no por las señales que han quedado sino por su fácil deslinde. Ocupó la tierra que limita al norte con la traviesa de Capillas a Baquerín, al Oriente con el camino que va a Pedraza, al sur con tierras de los vecinos y al Poniente el camino que de aquí sale a buscar el de Castromocho a Torre Mormojón. Este Convento floreció en espiritualidad durante cerca de tres siglos y en él profesaron muchos hijos del pueblo. Para terminar todo lo relativo a este Monasterio, diremos lo que nos referían nuestros padres, que conocieron la Comunidad en todo su apogeo, y es que la festividad de nuestra Señora la Reina de los Ángeles que allí se celebraba, atraía tanta gente de los pueblos comarcanos, que era una verdadera romería donde se vendía de todo, y que solamente de las sandías y melones que se consumían en aquellas tierras, nacían entre los trigos al año siguiente estas plantas y se cogían sus frutos con alguna frecuencia, criados espontáneamente. [Datos de Lorenzo González Arenillas, Gema Mª Andrés Ramallo, y Roberto Velasco]. | ||||||||||||||||||||||
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