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Manuel Álvarez es una
de las figuras más importante de la escultura palentina de mediados
del siglo XVI.
Nace en Castromocho en torno
a 1517, según los historiadores García Chico y Lorenzo
González Arenillas.
Debió de formarse en
el taller de Francisco Giralte, con cuya hermana, llamada Isabel Giralte,
se casará. Ambos colaboraron en dos ocasiones con Berruguete:
en 1540 en la sillería del coro de la Catedral de Palencia y en
1552 en el sepulcro del Cardenal Tavera. Álvarez solicita el cargo
de aparejador en la catedral de Toledo pero no lo consigue. Allí
realiza los Candeleros del Infante (hoy desaparecidos).
Cuando su cuñado marcha
a Madrid hacia 1547, Manuel continúa con su taller en Palencia.
Según el cuaderno de repartimiento de alcabalas de la parroquia
de San Antolín de 1557 y1561, que le menciona como escultor e imaginero,
vivió en la calle de Pan y Agua, en la que también vivían
otros artistas. En 1556 hace la Caja del Altar de Santa Polonia en la
Catedral. En esta ciudad vivirá hasta 1576 trabajando en el taller
junto con colaboradores, entre los que destacan sus hijos Antonio y Adrián
Álvarez, también colaboran con él Juan Ortiz Fernández
y Mateo Lancrín, entre otros.
En 1577, muertos ya Alonso
Berruguete y Juan
de Juni, consigue trabajar en Valladolid hasta su muerte. Esta ciudad
era más cosmopolita y con más posibilidades de encargos.
Se le encarga el retablo de Tudela de Duero en el que colabora con el
vallisoletano Francisco de la Maza. Su hijo Adrián sería
el heredero del taller de Valladolid, ya en 1587 aparece junto a su padre
encargando el retablo de la Trinidad de Valladolid y en 1589 aparece solo
contratando una obra, por lo que se puede suponer que en este momento
Manuel Álvarez había muerto.
- Estilo
Su estilo
consigue el sincretismo entre las formas antiguas y las nuevas sin cambios
bruscos; la escuela palentina durante la actividad de Álvarez
tiene un estilo ecléctico entre el pasado vigarnista-siloesco,
las experiencias giraltescas y el nuevo afán juniano del maestro.
Utiliza la columna con el
tercio inferior del fuste labrado y con elementos decorativos en el
tercio superior, ya utilizada por su cuñado Francisco Giralte.
Álvarez empieza a introducir el capitel jónico y más
adelante utilizará la superposición de órdenes.
En su obra, el manierismo aprendido de Berruguete aparece más
sosegado pues interesa más la claridad de la historia religiosa.
De Juan de Juni toma las amplias masas miguelangelescas que dan solidez
y un mayor naturalismo aunque nunca renuncia a la expresividad. Hace
gala de fluidez de líneas compositivas y gusto por lo decorativo:
colgantes de frutas, trapos y guirnaldas, niños desnudos con
piernas voladas sobre las cornisas, tarjetas de cuero recortadas, de
formas variadas y agrupación de cabezas de serafines de tres
en tres que utiliza tan a menudo que parecen una auténtica firma
del escultor.
También utiliza fondos arquitectónicos en sus relieves
para conseguir profundidad espacial y cabelleras y barbas ensortijadas.
En su última etapa, ya en Valladolid, el manierismo se orienta
por derroteros romanistas, al fusionar los tipos junianos con la elegancia
monumental de Gaspar Becerra, como se ve también en Esteban Jordán
y Francisco de la Maza, con quienes colabora Manuel en alguna obra.
Las figuras de amplia masa son imágenes imponentes, como quería
el Concilio Trento, pero Álvarez no renuncia a una cierta fuerza
expresiva, irá interesándose más por el altorrelieve
e irá dejando su habitual bajorrelieve, desaparecen los fondos
arquitectónicos. El retablo plateresco va evolucionando hacia
el retablo herreriano, de formas más puristas.
- El retablo
El retablo, en
el medio palentino, tiene un valor superior al de la escultura, es una
"gran máquina" de efecto espectacular que resalta el
espacio de la Custodia, destinada a contener la Eucaristía, el
misterio principal del cristianismo. El ático del retablo se
suele rematar con el Calvario como coronación de todo el dogma
explicado en el resto del retablo. Sólo el Padre Eterno se sitúa
por encima del mismo.
El carácter artesanal de la escultura palentina hace que algunas
veces en una misma obra se mezclen estilos, lo que dificulta delimitar
el trabajo de cada escultor, las atribuciones de una determinada obra,
ya que en un mismo retablo pueden colaborar diversas manos. A Manuel,
se le nombra como escultor e imaginero. En Palencia escultor e imaginero
son palabras utilizadas indistintamente, a veces, los escultores son
también ensambladores (especialistas en realizar las arquitecturas
de las obras), los entalladores son autores de relieves decorativos
y también realizan ensamblajes, pero no son escultores, pues
éstos tenían mayor prestigio. En los retablos no sólo
trabajan escultores, también pintores que los policroman y a
veces las escenas realizadas en relieve y las esculturas se combinan
con lienzos. La policromía resalta la escultura y contribuye
a paliar defectos.
A principios del siglo XVI predominan los dorados sin color y el uso
de grabados. En la década de los 40 se va introduciendo la técnica
de la punta de pincel, coexistiendo con las técnicas de estofado
y con el grabado, aún se resaltan los dorados , también
en las arquitecturas, para dar la sensación de espacio irreal,
alejado de la medida terrestre, para realzar el papel sobrenatural del
misterio religioso. Se van introduciendo fondos azules y rosáceos
con variados motivos decorativos, el uso del óleo logra estupendas
veladuras. Abundan los vegetales representados con variedad y naturalismo.
Aparecen los colores azules y rojos y también hay mayor avance
del verde y amarillo.
- Producción
artística
La obra maestra en la que trabaja Manuel Álvarez es el retablo
Mayor de San Juan de Santoyo (Palencia) encargado por Sebastián
Cordero de Nevares, secretario de Felipe II.
También trabajará
en el antiguo retablo Mayor de Berceruelo (Valladolid), en el
retablo de la Iglesia parroquial de Melgar de Yuso (Palencia).
Ya en Valladolid, en la librería del Colegio de San Gregorio,
en el retablo Mayor de Tudela de Duero, en la Colegiata
de San Luis y en el retablo del monasterio de la Santísima
Trinidad de Villagarcía de Campos, entre otras
muchas obras.
Según Lorenzo González
Arenillas, Manuel Álvarez intervino en el retablo del Altar
Mayor de la iglesia de San Esteban de Castromocho, hoy desaparecido,
del que sólo se conserva el relieve de alabastro del Descendimiento
que constituía la puerta del Sagrario de dicho retablo
y el Calvario de la "coronación del retablo".
Jesús María Parrado del Olmo ha estudiado en profundidad
a este escultor y este relieve le ha servido para comparar su estilo
con otras obras no documentadas que atribuye a Manuel Álvarez.
Este retablo de la Iglesia de San Esteban se comenzó en 1533,
donado en blanco por Fernán García Tintor y su mujer María
Loba, pero es en 1563 cuando se le encargan a Manuel Álvarez
los 14 relieves.
El retablo contenía
esculturas y relieves "a media talla": Circuncisión,
Adoración de los Reyes, Entrada en Jerusalén,
Prisión, Presentación a Pilatos, Jesús
atado a la columna, Jesús con la Cruz acuestas, Descendimiento,
La Soledad con el Señor en el regazo y en la coronación
del retablo un Santo Cristo con María y San Juan.
A los lados, San Gabriel y la Virgen de la Anunciación.
En el centro, más abajo, el Tránsito, la Asunción,
San Esteban, su martirio; más abajo, a los lados,
San Pedro y San Pablo; el rey David y el rey Ezequias; y en los
pilares de los lados muchos santos de talla entera de pequeña
estatura.
De todo esto sólo el
Calvario de la coronación del retablo (el Crucificado,
la Virgen y San Juan) se ha conservado en la iglesia. Las imágenes
fueron colocadas primero en la capilla del Santo Cristo y posteriormente
en la hornacina de la primitiva puerta del muro norte cegada durante
décadas y que apareció en las últimas obras de
reforma de la iglesia. Este Calvario, en el Inventario del Patrimonio
Artístico de España, se menciona como próximo a
Juan de Valmaseda.
Parrado atribuye la colaboración de Álvarez en otros retablos
que también están coronados por el Calvario, aunque trabajasen
en ellos también otros escultores; como el del retablo de
San Pedro de Becerril de Campos, hoy en Málaga, el
de Quintanilla de San Onésimo en Valladolid o el de Curiel
de los Ajos, también en Valladolid. Éste último
tiene unos relieves de la Anunciación, el Nacimiento y la Epifanía
que podrían servirnos para imaginar cómo podrían
ser las escenas del desaparecido retablo de Castromocho; ya que en los
talleres existían bocetos que a veces se utilizaban para distintas
obras o podían copiarse con alguna variación.
El dorado y policromado
del desaparecido retablo de Castromocho se hizo entre 1576 y 1584, fue
el pintor Antonio de Baeza y Santiago Sánchez de Revenga el dorador
y estofador (natural de Castromocho); lo costearon los fieles, en cambio,
la obra de escultura corrió a cargo de Fernando García
Tintor y su mujer, María Loba, como constaba en varias tarjetas.
Antonio de Boeza o Baeza, vecino de Castromocho trabaja en la segunda
mitad del siglo en obras para Osorno, Pedraza, Villalaco y Peñafiel.
Dora también las Andillas para el Santísimo Sacramento
en Santoyo, realizadas por Manuel Álvarez (hoy perdidas). En
1577 Luís de Villoldo le traspasa la obra de la realización
de los cuadros del retablo Mayor de Villalaco, hecho por Cobos de Flandes.
En 1592 Juan Ortiz el Viejo II concierta con Francisco de Baeza hacer
unos relicarios para Velilla, Villavieja y un lienzo para Terceruelo.
También trabajarán con Manuel Álvarez otros pintores
como Antón Calvo, muy relacionado con su familia, Jerónimo
Vázquez, Tomás Celma.
El
Descendimiento
Se trata
de un relieve de alabastro de 1563. Todo hace indicar que era una pieza
del Sagrario del antiguo retablo. Este relieve ha estado hasta no hace
muchos años en la sacristía de la iglesia de San Esteban
pero en la actualidad se encuentra en el museo Diocesano de Palencia.
El Descendimiento muestra una
evolución del estilo de Manuel, aún hay aspectos de su primera
etapa: movimiento, posturas inestables, cierta expresividad disuelta en
un tratamiento elegante. Pero con aspectos novedosos que nos acercan a
una segunda etapa en la evolución del estilo de Álvarez:
como en Juan de Juni las figuras se hacen más monumentales perdiendo
la ligereza anterior.
Las composiciones optan por
ritmos complicados de líneas, muy estudiados y equilibrados, alcanzan
protagonismo sus plegados, de amplias y elegantes curvas con evidente
resalte plástico.
El relieve es más abultado
(medio relieve) que aporta mayor claridad narrativa. Es sobre todo Juni
quien le suministra sus tipos, con cabellos ensortijados de bucles resaltados
y barbas enroscadas, tendentes a formas bífidas.
Es de aspecto miguelangelesco,
con un canon heroificado, a la manera romanista de Becerra pero con tipología
juniana. Algunos aspectos como la suavidad de modelado, la fluidez decorativa
de los paños y cierto poso expresivo delicado mantienen relación
con las obras de la etapa anterior.
El Descendimiento es
utilizado por Jesús Mª Parrado para precisar otras atribuciones
de obras no documentadas en las que este especialista ve la mano de Manuel
Álvarez por las similitudes de estilo que tienen, aunque haya variaciones
por la acción del amplio taller que debió tener en estos
momentos:
- El sepulcro de
los primeros Marqueses de Poza (D. Juan de Rojas y Dña. Marina
Sarmiento) que está en el lado del Evangelio de la iglesia
de San Pablo de Palencia que se atribuyó primero a Berruguete,
después a Giralte, aunque últimamente con reservas, Azcárate
dice que pudiera ser obra juvenil de Manuel Álvarez. Jesús
Mª Parrado piensa que es evidente su participación pues
se observa claramente su estilo en el relieve del Cristo de la Columna:
el cuidado en el modelado de la anatomía, la complicada serie
de pliegues en el paño de pureza con ritmos curvilíneos
suavizados, estupenda barba rizada, evidencian ser una réplica
del Cristo muerto representado en el Descendimiento de Castromocho.
También siguen su estilo en este sepulcro los cuatro Evangelistas,
la Anunciación y el Padre Eterno.
- El sepulcro del conde
de Buendía en Dueñas (Palencia), en el que
está enterrado don Juan de Acuña, tercer conde, la escultura
es de mejor calidad que en el anterior, con mayor naturalidad en los
pliegues que son más abultados y una mayor depuración
de la decoración. Jesús
Mª Parrado encuentra relaciones con el relieve del Descendimiento
de Castromocho, en especial en la tipología de la Virgen del
grupo de la Sagrada Familia situada en el frontón de este sepulcro.
- En retablo Mayor
de Villalcázar de Sirga (Palencia), también se
aprecia la mano de M. Álvarez en el relieve del Llanto sobre
Cristo Muerto, que en un principio fue atribuido a Giralte, luego
Azcárate lo atribuyó a un discípulo distinguido
y por su influjo juniano hoy se atribuye a Álvarez. La relación
con el relieve de Castromocho es debida a las posturas valientes de
las figuras, en especial las de los relieves de Santos (junianos) y
la perfecta trabazón de las mismas en los grupos de la Pasión.
La tipología fornida y la técnica de los plegados con
elegantes curvas que dan a estos relieves un aspecto monumentalizante.
- Los restos del antiguo retablo
Mayor del Monasterio cisterciense de la Santa Espina (Valladolid).
Sus elementos escultóricos están en distintos paraderos
pero al igual que pasó con el de Castromocho se ha perdido completamente
la arquitectura, por lo que hoy resulta imposible reconstruir su traza.
La Espina pertenecía al obispado de Palencia, lo que favorecía
la contratación de artistas palentinos en toda la comarca. El
retablo debió asentarse hacia1575-76, fecha en la que se vendía
el antiguo retablo a la parroquia de Castromonte que luego lo revenderá
al arcediano de Palencia por lo que J. M. Parrado lo relaciona con el
retablo de Santa Lucía de la Catedral de Palencia, cuyo estilo
es también de M. Álvarez. El retablo del Monasterio de
la Espina quizá se arruinó con la invasión francesa,
salvándose algunas partes: una escultura de la Asunción
que está en la iglesia parroquial de San Cebrián de Mazote
(hay documentos de pagos para su traslado en 1813); una escultura de
San Pablo, hoy en la Cripta de la Colegiata de Villagarcía de
Campos; y cuatro grandes relieves, hoy en el Museo Mares de Barcelona
que representan la Anunciación, la Visitación, la Adoración
de los Pastores y la Presentación en el Templo. Los tipos de
algunas figuras se relacionan con los relieves superiores del retablo
de Santoyo y la Natividad del banco de Melgar de Yuso, aunque también
se reflejan aspectos de obras anteriores como el sepulcro de los Poza
o el relieve de Castromocho, sobre todo en la técnica de los
rítmicos pliegues curvilíneos, cogidos por broches, lo
cual puede deberse a su realización en material pétreo.
Estos relieves son de alabastro al igual que el Descendimiento
de Castromocho.
González Arenillas
dice que el primitivo retablo de la iglesia de San Esteban de Castromocho
se quemó para sacarle el oro (cosa poco probable) y que desapareció
a principios del siglo XIX, fechas en las que el arcediano de Palencia,
Bernardo Mañueco donó los cuadros de Luis López que
actualmente están en el altar de San Esteban. Quizás alguna
de sus piezas estén repartidas por otros lugares al igual que sucede
con los del Monasterio de la Espina. Esperemos que algún día
aparezcan más piezas de esta maravillosa obra.
[Datos
proporcionados por Gema Mª Andrés Ramallo basados en
los libros de Lorenzo González Arenillas y de Jesús
María Parrado del Olmo].
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