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Llegados los fríos y las duras
heladas del invierno comienza en muchos hogares de esta tierra la matanza del
cerdo. Lo que de siempre fue una gran fiesta familiar, con la emigración
a las ciudades y la despoblación de los pueblos, esta centenaria costumbre
ha empezado ha caer en desuso en muchos lugares. Los vecinos de Castromocho
se han opuesto a que tal suerte ocurra en su pueblo. Por eso desde hace unos años
el día de San Antón (17 de enero) tiene
lugar la matanza del "cerdo municipal". Es
una fiesta relativamente moderna promovida por el Ayuntamiento y que consiste
en la matanza de unos cerdos criados para el consumo de todos los vecinos del
pueblo. Esta fiesta se celebra en el salón encima del Sindicato. La
víspera.- Los preparativos para la matanza empiezan unos días
antes del día en que se mata el cerdo, aunque en realidad deberíamos
decir que empezaron el día en que se compró el cerdo allá
por finales de agosto o primeros de septiembre.
La víspera de la matanza por la tarde ya se han reunido las mujeres
para preparar los utensilios y cacharros que se han de utilizar al día
siguiente: se friegan los barreños, los baldes, los tarros del
adobo, se preparan las espumaderas, se afila los cuchillos, se prepara
el orujo y las pastas y se desentumece la paja para chamuscar al cochino.
Una vez
preparada toda la cacharrería, hay que cortar la cebolla para hacer las
morcillas. Es el momento cuando todo el mundo "llora" la muerte del
cerdo con un día de antelación. La cebolla se corta con ese artilugio
tan raro, que tiene unidas la cruz y la medía luna; un artilugio que se
llama la picadera. Se trocean las cebollas en cuatro partes y a base de golpes
se van seccionando hasta reducirla a trozos menores de 5 milímetros, una
operación para llorar de pena. En otra cazuela se van depositando
las sopas de pan que se cortan cuidadosamente de la hogaza, y se guardan para
luego hacer la "sopa de chichurro" (una sopa de pan hecha con el agua
donde se han cocido las morcillas). Día
de la matanza.- La mañana ha amanecido fría y desapacible, una
espesa niebla, que hasta hace unos momentos cubría todas las calles del
pueblo, se va alejando perezosamente dejando tras de sí un ligero manto
blanco. En los aleros de los tejados todavía cuelgan algunos chupiteles
(carámbanos de hielo que se forman en las tejas que sobresalen del alero
del tejado) de la última helada. Pero el sol aparece con fuerza por la
zona de la Solana y la fría mañana va dando paso a un día
alegre y soleado, como suelen ser por estas tierras los días que amanecen
ocultos tras la niebla. En la vertiente norte de los tejados, la más sombría,
empiezan a caer las canaleras y los "chupiteles" de hielo que se formaron
por la noche empiezan a fundirse a eso del medio día. La
cita a las ocho.- Las primeras que llegan son las mujeres, que tienen que
terminar de picar la cebolla que se quedo sin terminar por la tarde. Luego van
llegando los hombres.
La botella mas solicitada por la mañana es la del anís (antes
era la del aguardiente), un par de copitas para entrar en calor caen muy
bien por la mañana y mas aún si es una mañana tan
fría; las mujeres prefieren la mistela y los mas jóvenes
se inclinan por la coca-cola; en este día las galletas no están
restringidas para los mas pequeños, aunque todo tiene su limite,
incluso en el día de la matanza, las primeras en desaparecer del
plato han sido las galletas de vainilla.
Los hombres se dirigen calle arriba al lugar donde se encuentra el protagonista
del día, el cerdo, acompañados por los muchachos que no
querían perderse el primer acto del día antes de acudir
a su cita con la escuela, y que también se han sumado a la comitiva.
Al llegar la expedición al corral donde están los cochinos,
el grupo se detiene ante la puerta para que el animal no se sienta acosado
y receloso y salga de la marranera por su propio pie, en caso contrario
habrá que hacerle salir por las bravas. Uno de los padres advierte
a los mas jóvenes: "¡sobre todo no le peguéis
con el palos!, pues el animal se altera y se pone nervioso y eso es malo
para la carne, pues se congestiona la sangre y luego se cura mucho peor".
A los mas pequeños todo esto les suena a chino, pero tendrán
que hacer caso a los consejos de los mayores si no quieren ver como una
galleta se estrella en uno de los lados de su cara. Acaba de salir el
cerdo de su pocilga y lo primero que llama la atención es lo limpio
que esta hoy.
El sacrificio.- El primer
problema se presenta a la hora de echar al cerdo en la banca. Hay que
hacerlo por la fuerza. El escenario esta preparado. Aparece un grupo de
mujeres junto al matarife que porta cuchillo en la mano; se dirige decidido
hacia el cerdo, -¡vamos! ¡todos a una!-, grita en voz alta,
y todos los hombres se lanzan hacia el cerdo. Alguien ha conseguido hacerse
con el rabo del animal mientras que un tercero logra hacerse con una de
las orejas y entre los tres lo arrastran contra la banca, son los momentos
mas tensos y dramáticos de la mañana. El cochino no deja
de lanzan desgarradores chillidos intuyendo la tragedia.
A la voz de ¡ahora!, todos los presentes empujan al animal para
dejarlo tumbado sobre la base de la banca, "¡hay que sujetar
bien esas patas, que no las pueda doblar!", grita uno de los hombres.
Si el animal no puede
plegar sus patas traseras, no tendrá ninguna defensa, pero si por
el contrario consigue proyectar una de sus temidas coces, es más
que probable que alguien acabe rodando por los suelos.
Uno de los hombres, al que quiero llamarle el trabador, entra rápidamente
en acción, lleva en la mano una soga, y con gran habilidad consigue
atrapar con el lazo de la cuerda la mano del animal, luego pasa la soga
por una de las dos patas traseras, y tensando rápidamente la soga,
ha logrado inmovilizar dos de las patas del cerdo.
El matarife
toma su posición listo para sacrificar al animal. Con la mano derecha sujeta
el cuchillo mientras palpa con su mano izquierda bajo el cuello del cerdo, tratando
de orientar la trayectoria a seguir por el arma homicida, y cuando la mujer que
sujeta el barreño está posicionada junto a él, introduce
lentamente el afilado acero sobre la carne blanda del animal.
Un fuerte grito se deja sentir algunas calles mas allá del barrio
y la sangre empieza a brotar a borbotones sobre el barreño, son
instantes de gran nerviosismo, donde nadie ha de perder la concentración
en su trabajo, los gritos del cerdo van seguidos de fuertes impulsos y
retorcijones; unos impulsos con los que el desesperado animal intentará
zafarse del abrazo mortal al que está siendo sometido por todos
los allí presentes.
A unos momentos de calma, les preceden otros de fuerte resistencia y forcejeos
por parte del animal, pero la suerte ya esta echada y su final es inminente.
El animal lanza sus últimos espavientos, apenas sin fuerza ya para
poderse menear, cuando el último gorgotón de sangre cae
sobre el barreño de barro.
La primera parte de la ceremonia ha terminado con éxito, es la
mas desagradable y también la mas temida de la jornada, especialmente
para los mas pequeños.
El
chamuscado.- Al lado del ara del sacrificio hay una paca de paja. Unos hombres
esparcen parte de ella por la zona donde se trasladará el cerdo muerto.
Otro grupo de hombres lo mueven de la banca a la paja y allí
le cubren todo él también con paja. Uno de los hombres saca el mechero
del bolsillo y da fuego a la paja. Amainado el fuego se limpia con una
escoba la parte chamuscada, se le da media vuelta y se repite la operación.
Terminada la chamusquina los mayores rascan con sus afilados cuchillos
y sus rascadores sobre la corteza del cerdo para dejar totalmente limpia
de pelos la piel. Se reparten ahora los trofeos: orejas y rabo.
El colgado.- El cuerpo
del animal ya esta completamente limpio. El hombre de turno prepara la
soga para colgar el cuerpo del cerdo; uno de los hombres empieza a preparar
la zona por la que se pasará la soga, a través de un hueso
que hay entre los dos jamones del animal, lo primero que hace es recortar
alrededor del culo del cerdo, luego lo atará fuertemente con una
soga bastante resistente y se procederá al colgado del cerdo, una
operación que va a resultar muy divertida para los mas pequeños;
unos jóvenes que se van a sentir hombrecillos y que también
intentarán tirar de la soga.
El destripado.- Suele
ser el matarife el responsable de llevar a cabo esta molesta y desagradable
operación. El cerdo esta colgado sobre el artilugio preparado para
tal ocasión (últimamente un andamio antes una viga del portal).
El matarife se acerca al fiambre, en la mano derecha lleva el cuchillo,
y colgando del cinto una rodea; dos de las mujeres se acercan con el balde
grande de níquel y un barreño de barro. El matador empieza
cortando la tripera, dos cortes longitudinales van separando esta parte
de la tripa del animal, se saca toda la panceta en una sola pieza y se
coloca sobre el barreño, luego el destripador empieza a rasgar
por el centro de la tripa poniendo sumo cuidado en el corte que va de
arriba hacia abajo, hay que poner la máxima atención para
no alcanzar con el cuchillo alguna de las tripas que empiezan a salir
por la grieta que se esta abriendo en la panza del tocino.
Las dos mujeres levantan el balde y lo pegan a la panza del
cerdo, poco a poco se van depositando en el interior del balde las tripas del
cerdo.
Ya están las tripas en el balde, ahora hay que limpiarlas con mucho
cuidado de no pincharlas pues luego se utilizarán para hacer los
chorizos y longanizas.
Todavía se requiere la presencia de otro nuevo barreño junto
al cerdo; un barreño en el que se van a depositar ahora las asaduras
(conjunto de las entrañas del animal que comprende el corazón,
los pulmones, el hígado, los riñones, el bazo y el estomago).
De pronto aparece uno de los jóvenes que pregunta: ¿está
ya la vejiga? La vejiga es la pieza mas cotizada para los mas pequeños,
con ella se fabricará el balón mas antiguo que ha rodado
por las calles de la localidad.
Una vez vaciado el cuerpo del cochino, se coloca un palo trasversal a la
altura de la mitad de la tripa, sobre el se colocan las mantecas para que se oree
mejor el interior.
La inspección.-
Uno de los mayores coge muestras del cerdo para que el veterinario inspeccione
el animal. Se han tomado tres muestras de distintas partes del cuerpo,
de la papada, de las costillas y de la zona de los jamones. Hasta que
no se haya pasado la inspección del cochino, nadie ha de probar
la carne del cerdo. Pero esta norma jamás se respeta pues apenas
ha sido el cerdo chamuscado no falta quien le corte el rabo y las orejas
y las pezuñas y se las coma crudas pero aún calientes de
la chamusquina. Hay quien afirma que es lo mejor del cerdo.
Las morcillas.- Mientras
algunas las dos mujeres siguen lavando las tripas otras empiezan a preparar
el bodrio (preparado que se hace a base de sangre de cerdo, cebolla, manteca,
arroz, etc.) para las morcillas.
Se refríe
la manteca que se ha sacado de la unión de las tripas, en la misma sartén
se refríe la cebolla junto con los ajos, luego, después de haber
frito todo se deja enfriar y se mezcla en el barreño con la sangre, se
añade el arroz, los chicharrones, un poco de pimentón, cominos,
pimienta, la sal etc., se revuelve con el cucharón para que quede uniforme
todo el bodrio y se espera a que lleguen las tripas recién lavadas.
Mientras una de las madres se dedica a coser con hilo recio de algodón
uno de los extremos de las tripas mas anchas, las otras mujeres las van
rellenando con el bodrio y les atan el otro extremo de la tripa para precintarlas.
Las tripas mas estrechas se rellenan con la ayuda del embudo de boca ancha,
mientras que las mas anchas se rellenan sumergiéndolas directamente
en el mismo barreño del bodrio. El morcillón, que es la
morcilla sacada de la tripa mas grande, se rellena con un bodrio especial
y se consumirá en el mismo día de la matanza a la hora de
la cena. Hay que dejar bastante hilo en las morcillas para luego hacerles
un nudo y colgarlas.
Una vez llenadas todas las tripas
con el bodrio, se pinchan con una aguja de hacer punto y se van introduciendo
con sumo cuidado en el agua caliente que esta sobre el fuego. No interesa que
el agua este demasiado caliente, para evitar que se pueda reventar las morcillas
con el cambio brusco de temperatura. Una vez depositadas todas las morcillas dentro
de la caldera, ya se le puede meter candela al fuego. Tiene que pasar un buen
rato hasta que la caldera empieza a hervir, entonces es cuando empieza a sentirse
ese característico olor a morcilla que se extiende por todos los rincones
de la casa. Hay que darles vueltas de vez en cuando para que se hagan
todas al mismo tiempo, y se siguen pinchando las morcillas con la aguja larga,
para evitar que se puedan reventar, pero hay que tener sumo cuidado de no romper
ninguna en el proceso de la cocción, por eso se utiliza el cucharón
grande de madera para darles las vueltas.
Casi hora y media después de haber introducido las morcillas en
la caldera, la experta hace la prueba para ver si ya están cocidas,
si al pinchar sobre una de ellas ya no aparece ese color rojo o rosado,
sino que sale un fino hilillo de caldo, se entiende que las morcillas
ya están listas para retirarlas del fuego. Con la ayuda de unas
pinzas o un tenedor, se van sacando una a una de la caldera y se depositan
en el barreño grande de barro, se dejan enfriar un buen rato y
listas para atarlas en las varas que se colgarán en algún
lugar. Dentro de la caldera ha quedado una gran cantidad de caldo, un
caldo que resulta exquisito y delicado para elaborar la famosa sopa de
morcilla aquí conocido como "chichurro", una de las mejores
sopas de la cocina tradicional Palentina.
La tarde
es muy fría, una fuerte helada vuelve a castigar al pueblo lo cual en esta
ocasión se agradece pues es muy bueno para que se oree el cerdo, ahora
abierto y colgado de un andamio, y así mañana poder destazarlo (descuartizarlo).
El adobo y los chorizos.- Al día siguiente todos los hombres
que han participado en la matanza llegan temprano para destazar el cerdo después
de haberse tomado la imprescindible copa de anís para combatir los rigores
invernales. Según se va descuartizando el cerdo, se va colocando
cada pieza (espinazo, costillares, lomos, jamones, paletillas, cabeza, etc.) en
sus correspondientes recipientes, al tiempo que se cortan los trozos de magro
alrededor de los huesos que servirán más tarde para hacer los chorizos
y longanizas. A continuación se prepara el adobo. El adobo consistente
en una salmuera en la que han reposado unos dientes de ajo, orégano, sal,
pimentón tanto dulce como picante cuyas proporciones se calculan a golpe
de paladar. Todo ello se remueve en el mismo barreño en el que se han colocado
los huesos, los lomos, los costillares, las orejas, la lengua, etc.
La conservación de estas carnes constituye todo un ritual. Sacadas del
adobo unos días después, se cuelgan en el corral para que se oreen.
Las morcillas se consumen pronto pues al ser de cebolla se ponen ácidas
enseguida, pero los chorizos, longanizas, lomos y costillares se "entierran"
en aceite de oliva para su conservación y consumo a lo largo del año.
Este "entierro" es otra gran fiesta. Se cortan los lomos y costillares
y, tras darlos una vuelta en la sartén, se colocan en ollas que contienen
aceite.
La máquina de picar la carne ya está lista para su trabajo.
Se ha fijado en la banca y las cuchillas se han afilado este año
para hacer el trabajo mas llevadero. Los hombres se turnan en dar a la
manivela mientras las mujeres meten la carne troceada por la boca de la
máquina. El picadillo para los chorizos es mezcla de carne de cerdo
y vaca junto con su correcta proporción de tocino; el de las longanizas
es sólo carne de cerdo y tocino. Una vez picada la carne se amasa
con las especias correspondientes y se prueba hasta conseguir la aprobación
de la mayoría. Con el magro -aquí llamado jijas- se embutirá,
un par de días después en las tripas sacadas del cerdo para
hacer los chorizos. Para ello se usará la misma máquina
que picó la carne, variando la embocadura.
Al igual que las morcillas los dos extremos atados se unen resultando una
U. Luego se cuelgan de los varales y se los saca al corral para que se oreen.
Si el tiempo es soleado y de buenas heladas su curación será más
rápida. Los que no vayan a consumirse a corto plazo también se "entierran"
en aceite para su buena conservación.
La conservación de estos
alimentos es larga y constituye la base de la alimentación durante
la época de la recolección de la cosecha.
** Fotos
de las matanzas de 1981, 2003 y 2007 (en memoria de los que ya no están).
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