Me acuerdo...
 
por Herenio Pobes
 

 

 

¡Qué dura era la vida
que en Castromocho se tenía!
Todo era trabajo,
ni descansar se podía.

Te levantabas para acarrear,
eran las tres de la mañana,
te ponías a trillar,
el sol te daba en la cara,
te ponías a veldar,
la paja te picaba,
luego a costalear,
los riñones te doblaba.

¡Qué dura era la vida
que en Castromocho se tenía!
aunque nunca entre su gente
queja alguna había.