Para cuatro espigas de nada
 
por Herenio Pobes
 

 

 

Entre caminos de arena,
el sol a la espalda
cuando no de cara
venían las respigadoras
con cuatro espigas de nada.

A las cuatro se levantaban
¡a las cuatro de la mañana!
a las dos llegaban
con el costal acuestas
y cuatro espigas de nada.

Una simple sobada
era lo que llevaban
y no eran todas
las que sobadas llevaban
siempre había alguna
que ni a eso llegaba.

Al verlas pasar
en silencio yo susurraba
¡desde las cuatro de la mañana,
para cuatro espigas de nada!