Otoño
 
por Rosalía Villaro Corres
 

 

 

Ayer escuché gemir al viento
en la tarde triste y desolada
los árboles perdían sus vestidos
mostraban las ramas descarnadas.

Las hojas, ya muertas, reposaban
en colores ocres transformadas,
amarillos, pardos deslucidos...
manto amoroso de tierra cansada.

Oculto tras el tronco que abraza la hiedra
silbó el viento jugando a ser palabra
penetró un último rayo de sol,
vió a los árboles como se desnudaban.

Cayó perezosa la última hoja
bajo mis pies crujió y, en silencio, lloraba
el rayo de sol se retiró discreto
las sombras se abrazaron a las ramas.

El viento se mezcló entre las sombras
en silencio, nadie lo llamaba
en Castromocho ya es otoño
y a sus gentes les canto una nana.