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Antes de ser traído al lugar actual se encontraba en la fachada occidental de la iglesia de San Esteban, donde aún se puede apreciar el agujero donde estuvo colocada la esfera. En la torre sur se encontraba la maquinaria y las campanas que daban las horas. Al ser trasladado al Castillo, por ser considerado lugar más idóneo, hubo necesidad de construir la torre de ladrillo en la cual se encuentra. Al principio, no era tan alta como lo es ahora, sino que llegaba hasta la cornisa que está por encima de la segunda ventana. Cuando se cambió la maquinaria vieja y se hizo el reloj nuevo que ahora vemos, obra de Moisés Díez, fue necesario ampliar la altura de la torre otros ocho metros más para que las pesas pudieran dar el recorrido de las 24 horas. Es fácil apreciar el tramo ampliado pues los ladrillos son de distinto color. Actualmente no es que tenga gran utilidad este reloj pues todo el mundo ya tiene uno o varios relojes; no obstante todos los días se le da cuerda y cada año un relojero le hace una minuciosa revisión. El Reloj de la Villa de Castromocho da los cuartos, las medias y las horas en punto. Se ha convertido en un distintivo del pueblo y sería una pena dejarlo perder. |
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